Mi hijo no me cuenta nada

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Los seres humanos tenemos una sensibilidad increíble, una capacidad de amar espectacular. Dedicarnos a amarnos es una gran elección.. Tenemos ternura, podemos reír, podemos jugar, tenemos sentido del humor, una imaginación desbordante. Tenemos una cantidad de amor inagotable. La propuesta es que lo ofrezcamos. La propuesta es que cada día haya momentos para jugar, para reír, para miradas de complicidad, para tocarnos. El contacto es una de nuestras características, el lenguaje de la piel es muy productivo para asentar las relaciones: una caricia, un beso, un abrazo intenso, sentido, buen masaje, después de haber compartido momentos de alegría y risas es, sin duda, una de las mejores maneras de vincularnos.

Nuestro ejemplo es determinante

Los niñ@s nos observan, nos miran y nos imitan. Los padres, queramos o no, somos la máxima referencia para l@s hij@s. Nuestra influencia es determinante. Es muy fácil de ver cuando ocurre algo distinto a lo habitual, cualquier hecho excepcional. Enseguida nos miran para ver como reaccionamos. Y, por ejemplo, si nos quedamos tranquil@s, ell@s también se quedan, si sonreímos, sonríen, pero si tenemos miedo, se asustan. Por eso las lecciones sin palabras acaban siendo vitales. Como siempre nos miran, insisto, nos estamos comunicando de forma permanente con nuestras actuaciones. La acción es una fantástica y muy eficaz herramienta comunicativa. La propuesta es ser coherentes entre lo que les decimos o les pedimos y lo que hacemos. Si les pedimos una cosa y hacemos la contraria vamos a perder su respeto. Y, precisamente, nuestro reto como padres, como personas, esto se puede aplicar a todas las relaciones. Nuestro reto es que nuestros hijos nos respeten. Desde la coherencia todo va a ser mucho más fácil.

La comunicación no es fácil, en general, entre padres, madres e hij@s, sobre todo en la adolescencia, “ Mi hijo no me cuenta nada…”.

Lo más importante es que l@s hij@s nos comuniquen lo que sienten, si nos dicen lo que sienten nos van a decir y vamos a saber lo que hacen. Y si esto es así, vamos a poder evitar la mayoría de conflictos, por no decir todos. Es nuestra responsabilidad crear un ambiente, un entorno donde se pueda hablar con total normalidad, desde la máxima confianza. Donde todos podemos mostrarnos como somos y como nos sentimos. Buscar y encontrar tiempo para comunicarnos, establecer un momento concreto: cenando, antes de dormir… Buscar el momento oportuno. La propuesta es crear el ambiente que decimos y, sobretodo, empezar nosotros; somos nosotros quienes hemos de empezar y crear el hábito. Hemos de crear una relación y decirles qué sentimos, que nos pasa, nuestras inquietudes, nuestras frustraciones, cómo nos sentimos… Si queremos que nos expliquen lo que hacen, lo que sienten, lo que les inquieta, sus miedos, sus motivaciones, sus propósitos de vida…hemos de empezar nosotros. Para mí, esa es la clave y lo mejor de todo es que funciona.

Cambiar una dinámica no es fácil…

Si nos lo proponemos es más fácil de lo que parece. En los talleres de madres y padres insisto en que cuando vuelvan a casa, decididos a cambiar cosas, empiecen diciendo que han ido a un taller de padres (a los niñ@s en el fondo les encanta, aunque digan o expresen lo contrario, les gusta porque nos humaniza y saben que quieren hacer algo para mejorar). Y que a partir de hoy… pues lo que sea: quiero estar más tiempo contigo, más en presencia… . Además, creedme, los niñ@s, de todas las edades, los adolescentes están deseando hablar. Esos niñ@s o jóvenes de los que sus padres dicen que no habla, que no dice nada, que no explica nada…cuando hacemos los acompañamientos no paran de hablar, tienen muchas ganas de hablar, quizás también hemos de aprender a escuchar….

¿Podemos aprender a escuchar mejor?

Es una evidencia. El objetivo es que los niños se sientas reconocidos, que se sientan valiosos por lo que son y puedan expresarlo con absoluta confianza. Expresar lo que sentimos es sinónimo de bienestar y de equilibrio emocional. Y desde ese sentirnos bien con nosotros mismos podemos conseguir cualquier reto que nos propongamos. Hemos de mirarlos y respetarlos, La propuesta es dejarlos hablar, en presencia absoluta, mirar de no intervenir, escucharlos sin sermones, sin críticas, sin juzgarlos, sin expectativas, sin imponer nuestro punto de vista, sin estar pendientes de cuando vamos a decir la frase brillante que tenemos preparada…. Ofrecerles la confianza para que expresen lo que son y lo que sienten, aunque a veces no estemos de acuerdo y no nos guste. Luego ya estableceremos un turno de diálogo en el que hablas tú y luego yo.

Que noten que estamos presentes es esencial.

La presencia es un aspecto fundamental entre los seres humanos, la atención plena trasmite al otro que estamos disponibles y que es merecedor de todo nuestro respeto, nuestra atención y nuestro amor. Agradezco que me acompañes, que me escuches, que respetes lo que soy y lo que siento. Desde la presencia creamos un vínculo excepcional y ofrecemos la confianza máxima para que los niños desarrollen sus potencialidades, busquen y encuentren sus propósitos y sus sueños, y vayan a por ellos.

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