¿Por qué nos enfadamos?

A veces, la sencillez de los planteamientos nos deja sin ningún tipo de argumento para seguir viviendo tal como lo hacemos. He hecho estas preguntas un montón de veces y todavía nadie me ha ofrecido ninguna respuesta satisfactoria:

—¿Qué ventajas nos aporta enfadarnos?

—¿Cuál es la recompensa por estar nerviosos, alterados, irritados, malhumorados y amargados continuamente? Continuar leyendo “¿Por qué nos enfadamos?”

Educar en la salud.

El cuerpo se comunica de forma clara y precisa. No hay más que escucharlo y aprender el arte de interpretar y comprender los mensajes. Los niños pequeños están íntimamente conectados con él; por eso lloran y se quejan cuando algo les molesta o no va bien, comen cuando tienen hambre, beben cuando tienen sed y duermen cuando tienen sueño. ¡Así de fácil!

La propuesta es seguir manteniendo este vínculo y poner la atención en la salud y en el propio cuerpo. La ciencia ya ha demostrado lo mismo que decían todas las civilizaciones antiguas: que la enfermedad es un síntoma de un impacto emocional. Continuar leyendo “Educar en la salud.”

Crecer en la interpretación de los espejos.

Puesto que es más fácil ver los defectos de los demás, la existencia nos acerca las personas adecuadas para conocernos mejor, pese a que solo aprendemos si nos olvidamos del otro y nos centramos en nosotros.

Cada relación, si nos liberamos del juicio y la crítica, es una gran oportunidad de aprendizaje que termina siendo un encuentro con uno mismo.

Dado que solo podemos ver aquello que somos, podemos considerar a cada ser humano que se cruza en el camino, cada planta o animal que observamos, cada película que vemos, cada canción que escuchamos y cada situación en la que nos encontramos, como un fantástico espejo para descubrirnos. Continuar leyendo “Crecer en la interpretación de los espejos.”

Elijo todo lo que acontece.

Podemos influenciar a los niños desde la idea de que tenemos un destino decidido, donde la vida y los demás nos influyen de forma determinante, o desde el punto de partida de que todo lo que nos pasa es una creación personal y somos los primeros responsables de ello.

La propuesta de que “he elegido todo lo que acontece y soy su único artífice”, consciente y, sobre todo, inconsciente, resulta más estimulante que la de ser un muñeco o un títere en manos de los demás. Continuar leyendo “Elijo todo lo que acontece.”

¿Me siento culpable?

El sentimiento de culpa es un invento de la mente y una trampa del ego para mantenernos en el pasado y garantizarse la continuidad de ser imprescindibles. La culpabilidad es una emoción caduca que nos paraliza y nos enloquece, haciéndonos sentir culpables de los posibles errores que hemos podido cometer.

Sintiéndonos culpables no cambiaremos ningún acontecimiento anterior. Si pensamos que concentrados en lo que pasó podremos vivir el presente, es evidente que no saldremos adelante. Por más culpabilidad que sintamos, nada cambiará. Continuar leyendo “¿Me siento culpable?”

¡Practica el amor incondicional!

Sabemos perfectamente que cualquier tipo de posesión entre personas invalida cualquier posibilidad de amarnos, ya que poseer no es relacionarse, sino destruirse. A pesar de ello, nuestro modelo familiar y social insiste en retener a los demás y asignarles las funciones que a nosotros nos interesan. Tan solo debemos echar un vistazo al entorno y a la mayoría de las parejas para ver que la mayoría de conflictos surgen del intento de poseer, controlar y apresar al otro. Continuar leyendo “¡Practica el amor incondicional!”

Nacemos puros, inocentes, conectados, con armonía e intuitivos.

Nacemos puros, inocentes, conectados, con armonía e intuitivos. Llegamos a este mundo limpios y totalmente receptivos, sin dudas, sin miedos, luminosos, llenos de curiosidad y generosos. Antes de aprender el idioma o los idiomas que nos enseñan, todos los recién nacidos del mundo tenemos el mismo lenguaje común: una especie de gorjeo o parloteo universal. Nacemos, como el resto de seres vivos, sin ninguna ideología ni creencia, sin ningún ideal ni religión, sin derechos ni deberes, sin valores, dogmas, reglas, normas o mandamientos. Continuar leyendo “Nacemos puros, inocentes, conectados, con armonía e intuitivos.”